jueves, 1 de mayo de 2014

MAURICIO SULAIMÁN: "EL BOXEADOR Y EL TORERO TIENEN MUCHO EN COMÚN"


JESÚS MÍNGUEZ-JUANMA LEIVA
AS.com

Acaba de estrenarse. ¿Qué le trae por España?
—No podía dejar de venir. España siempre ha estado clavada en el corazón de los Sulaimán. Rubén Martínez (expresidente de la Federación Española y vicepresidente del CMB, fallecido en 2006) fue como un hermano para mi padre. Quería conocer además a nuestro representante en su país (Jorge Arévalo, el nuevo responsable para el boxeo profesional de la Federación Española). También tienen aquí a Sergio Maravilla Martínez, que es un icono para el CMB.

—Por su casa habrá pasado la flor y nata del boxeo…
—Mi primer recuerdo es, con dos o tres años, escuchar un voces raras y encontrarme con dos hombres gigantescos que gritaban mucho. Pasados los años supe que eran Muhammad Ali y Don King. He tenido la suerte de conocer del más grande al más humilde que llega a casa con el sueño de ser alguien. A Julio César Chávez me lo presentaron con una camisa rota… También a algunos que fueron ídolos y cayeron en la desgracia. Ese ciclo nos preocupa.

—¿Y caen en la desgracia por el boxeo o eran así antes del boxeo?
—El boxeador, desafortunadamente, no suele tener una educación fuerte. Sí un gran poder en los puños y un gran corazón que usan para ser alguien en la vida. Pero no hay boxeador al que no le salgan amigos o primos siempre buscando obtener algo cuando llega el dinero. Son nobles: le compran una casa a la madre, ayudan al familiar que tiene problemas, las tentaciones que antes no pudo tener se aproximan, y a veces no entienden que su carrera es muy corta.

—¿Y a los púgiles les llega el dinero que les corresponde?
—La tradición dice que el porcentaje es 70% para el boxeador y 30% para el mánager. Pero luego existen contratos privados que no podemos regular y se ha abusado de muchos, sí. El dinero puede quedarse en el camino.

—¿Y qué es lo más grande que ha visto en un ring?
—Que haya visto en persona, Sugar Ray Leonard contra Mano de Piedra Durán. Tenía diez años y me dejó loco.

—Hablaba de España, donde ha habido grandes campeones, pero el boxeo no acaba de funcionar. ¿Tiene un diagnóstico?
—Me vienen a la cabeza Javier Castillejo, Pedro Carrasco… Lo que necesitan es televisión y un foco de atracción, una ciudad. El boxeo precisa de una ventana, patrocinadores, autoridades que lo arropen, orden de las comisiones y las en las federaciones. En México salió diez años de la televisión en abierto por el PPV coincidiendo con el éxito de Julio César Chávez y Mike Tyson, porque vendían mucho. Entonces, se perdió interés. José Sulaimán consiguió que volviera en abierto con TV Azteca. Y ahora hay todos los sábados tres cadenas emitiendo boxeo.

—¿Y el foco?
—Una velada genera un gran retorno en forma de consumo. El turismo se ha apoyado en el boxeo, y aporta dinero para atraer campeonatos. El ejemplo es Cancún, donde hay una función internacional cada mes. Y alguna en hoteles gestionados por españoles, que sin embargo en España no se atreven a hacer.
—Así que Javier Castillejo, en México o Estados Unidos, habría sido un ídolo…
—Pues sí. El Lince es muy apreciado en mi país. Su combate con Óscar de la Hoya y con Fernando Vargas en Las Vegas fueron dos hitos muy importantes.

—Y ahora tenemos a Kiko Martínez, aunque no sea campeón de su organización (lo es de la FIB). ¿Qué le parece?
—Muy buen boxeador. Pega fuerte. Ir a Japón y volverse con un KO es espectacular. Tiene las puertas del Consejo abiertas.

—¿Incluso para hacer un combate de unificación?
—¡Sí! Sería interesante. Yo estoy convencido de que el español tiene un corazón como pocos en el mundo. El boxeador es muy similar al torero. Un deporte individual donde lo que uno hace determina el resultado final. Tener el valor de estar frente a un toro de 600 kilos es el mismo que se requiere para subir al ring contra un rival más joven o más fuerte. El caso de Maravilla en la pelea contra Martin Murray es el ejemplo perfecto: debía ganar los dos últimos rounds ante 40.000 personas, en Argentina, y en medio de la tormenta. Y lo hizo.

—Una de las grandes preocupaciones de su padre fue la seguridad de los boxeadores. ¿También la suya?
—Sí. Él redujo, por ejemplo, los campeonatos de 15 a 12 asaltos. Ahora, hemos impulsado una campaña Los guantes protegen tus manos y la vida de tus compañeros porque hemos detectado que hay algunos países donde se están manipulando quitándoles la protección en las zonas de contacto. Una práctica criminal que hace que el puño golpee directamente. Hace un año lo comprobamos en México. También en Japón, porque una boxeadora había noqueado a alguien innoqueable. Filipinas, México, Estados Unidos, Sudamérica, quizá en España también se da…

—¿Pero no iban a bajar el número de onzas de los guantes para que hubiera más KO’s?
—No. Se propuso, pero se ha hecho un estudio médico en Sudáfrica para entender el impacto del guante. Qué afecta más, si la cantidad o el contacto sólido, duro. Y es esto último. En las Artes Marciales Mixtas (MMA) se utilizan de cuatro onzas y se ha comprobado que es peligrosísimo. Se erradicó ya el de seis onzas y se habló de bajar el de diez a ocho. Pero no se hará. Sí se está avanzando en la certificación de los guantes.

—Otro problema es la subjetividad de los jueces. Se ha experimentado con un guante con microchip que contabiliza los golpes. ¿Lo ve viable?
—No puede existir el guante inteligente. Registraría algunos que no dan puntos, como en los brazos.

—Y ahora que además están en auge las apuestas electrónicas, ¿preocupan más los amaños?
—No. El boxeador es muy difícil que se venda. Le cuesta mucho trabajo llegar a una posición en la que se gane dinero, y representa a su familia, a su país, a su raza… Puede existir. Pero estar arriba de un ring requiere mucho esfuerzo, y bajar derrotado acaba con la persona.

—La dispersión de títulos y de organismos (hay cuatro de prestigio que otorgan mundiales) no ayuda al entendimiento por parte de los que se acercan. ¿Qué se puede hacer?
—Es cierto que hay gran confusión: muchos organismos y muchos campeonatos, hasta cuatro o cinco por división, y al final se acaba por no saber quién es el campeón mundial. Pero el boxeo se ha expandido por regiones, y hay televisiones que requieren presentar un campeonato ante su audiencia. Por eso se han inventado títulos a los que se llama mundial en los que se ven cosas vergonzosas. Nosotros lo que hemos hecho son títulos regionales para hacer de un boxeador local, uno global. Manny Pacquiao fue creciendo así por los escalones del Consejo. Mi padre ya puso sobre la mesa su renuncia como presidente para crear un solo organismo. Y yo he convocado a AMB, FIB y OMB para buscar la forma de regresar al boxeo lo que demanda el aficionado.

—La AIBA, la Federación Internacional que controla el boxeo amateur y olímpico, ha hecho también un circuito profesional paralelo que clasificará para los Juegos. ¿Les preocupa?
—Sólo pueden ofrecer la medalla olímpica y abusan con prácticas monopolísticas para forzar a las federaciones nacionales a firmar exclusividad. Si no lo hacen, los sacan de las competiciones. Y ha pasado con España en el Mundial, Rumanía, Brasil, México… Y los boxeadores profesionales que acudan a los Juegos lo harán porque compiten en su circuito, que es vergonzoso, y con una exclusividad comercial. Todo lo que hacen tiene un trasfondo económico, no deportivo.

—Pero ustedes también hacen negocios…
—No. En el boxeo profesional no intervenimos en el negocio, que es del promotor, de Bob Arum o de Ricardo Sánchez Atocha. Nosotros ponemos los títulos, las reglas, el tema médico. Y la AIBA quiere ser promotor, mánager… Su plan es concentrar el boxeo en doce países (se compite por franquicias). Y eso es terrible para los pobres.

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